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miércoles, 17 de septiembre de 2008

Una excusa que no debemos usar.

¿Por qué decimos con tanta frecuencia: “Lo que yo haga no tiene importancia”?

Haber, detengámonos un momento y reflexionemos sobre lo que ha sido nuestra vida pasada.

¿Alguna vez no te ha ayudado alguna persona? Tal vez tu padre cuya preocupación y constante cuidado moldeó tu carácter; A lo mejor un maestro de colegio, escuela, universidad, que te dio su amistad y te animó a seguir adelante cuando ya estabas apunto de mandar todo por un tubo; ó a lo mejor tu jefe (aunque es poco probable, pero quien sabe…) que supo valorar tus facultades y que te abrió las puertas del éxito; ó un vecino (existen muy pocos, pero existen) cuyo aprecio por ti y tu familia ayudo a la paz y felicidad en tu hogar… muchas veces hasta un completo extraño que te dio su apoyo en un momento en que más lo necesitabas ó cuando nadie que conocieras pudo hacerlo.

Así al recordar a las personas que influyeron en tu vida ¿no parece que es más que evidente que tú también puedes influir grandemente en la de los demás, en el hogar, el vecindario, ó donde tú vayas? ¿Por qué entonces tenemos que decir con tanta frecuencia: Lo que yo haga no tiene importancia?

Creemos que las buenas acciones solo tienen importancia en los momentos de crisis, cuando las circunstancias extraordinarias exigen también un esfuerzo extraordinario, sin reparar en que los momentos críticos son apenas una pequeña parte de la oportunidad que a todos se nos ha dado para contribuir a la ajena felicidad.

Recordemos que a menudo y de que formas diversas nuestro acto individual de comprensión, de estímulo, de guía, de interés personal, puede enriquecer la vida de otros, así como nosotros nos beneficiamos de los otros (nuestro prójimo). Recuerden también que ninguna buena acción es pequeña! (Continuare platicándoles sobre el tema en otro Post)